Actividades de supervivencia durante el TEPT - I Parte

Dentro de la diversidad de circunstancias en las cuales se puede encontrar una víctima de violencia, soy muy consciente que fui muy afortunada de que, en el momento que sufrí mi agresión y en mi periodo de TEPT (trastorno de estrés postraumático), contaba con un trabajo estable, una buena relación con mi familia, ingresos suficientes y un espacio independiente para mí, donde podía dejarme sentir y realizar las actividades que se me vengan en gana. Además, me considero feminista, llevaba años ya autocapacitándome en el tema leyendo muchos libros de género, y también tuve la gran fortuna de estar trabajando en un proyecto relacionado a protección y atención de casos de violencia. Eso me ayudó a tener nociones de cómo se ve afectada una víctima luego de sufrir una agresión y qué actividades se recomiendan realizar como recuperación.

A pesar de toda esa información que manejaba, créanme que mi proceso también fue sumamente difícil. Muchísimas veces se me cruzaba por la mente comprar mucho alcohol, cigarros y drogas, y consumirlas en exceso hasta dejar de pensar y sentir, y así poder alejarme de todas mis emociones y pensamientos tortuosos. De hecho, en un inicio, siempre tenía cigarros, cada fin de semana tomaba con mi familia, y de vez en cuando me embriagaba sola. Pero felizmente tuve una psicóloga y amistades que me recordaban lo valiosa que era a pesar de que mi agresor, alguien a quien estimaba, me haya humillado y tratado como un objeto cualquiera al cual se puede usar y tirar.

Además, tenía fuertes motivaciones para recuperarme. Antes de que ocurriera mi agresión, estaba en una nueva y mejor etapa en mi vida personal y profesional, y quería cuidarla. Estaba aun en periodo de prueba de mi nuevo puesto en el trabajo, justo estaba empezando a estudiar un diplomado (mi primer posgrado), estaba viviendo en un minidepartamento sola y estaba retomando lazos con amistades de antes. Adicional a ello, amo a mi familia, es lo más importante para mí y no quería hacer nada que les pudiera hacer daño a ellas y ellos. Y para poder cuidar a mi familia y mi nueva etapa, debía cuidarme a mí.

Es importante considerar que como víctimas que estamos viviendo estrés postraumático, es necesario SENTIR. Que yo haya estado viviendo sola y que encima estemos en pandemia, con restricciones para salir o reunirse, me permitió quedarme sola en mi departamento para poder sentir, es decir, llorar, hablar sola, gritar, pegarle a la almohada, abrazarme, dormir, meditar, etc. Además, tenía 3 sesiones con mi psicóloga por semana, y me llamaba seguido. Así que, mi misión cada semana siempre era desahogarme todo lo posible de lunes a viernes, para que los fines de semana cuando tenía que ir donde mi familia, hacer lo de siempre con ellos y así no se den cuenta de mi estado. Usualmente hacíamos parrilladas o karaoke y jugábamos juntos mientras tomábamos alcohol. Actividades demasiado alegres para mi situación. Hacía el esfuerzo por hacerlo y también tomaba, pero en esa temporada decía que no quería tomar mucho porque estaba saliendo a trotar. Pero mi principal preocupación era que si me embriagaba, podría explotar y contarles lo que estaba viviendo, y eso quería evitar a toda costa. Todos los días lloraba a escondidas en el baño y también tenía insomnio. Dormía pésimo, muchas veces igual lloraba en las noches, y me levantaba físicamente cansada y con los ojos hinchados. Igual, me excusaba con el trabajo. Mi familia no se dio cuenta.

Mi psicóloga también me recomendó escribir mis diversos sentires. Lo dije antes y lo repito. Cada proceso de TEPT es distinto en cada caso, y eso también nos hará sentir como raras, exageradas, dramáticas o, incluso, que no queremos cargar a nadie más con nuestros problemas. Además, tenemos miedo de lo que nos puedan decir, estamos en un periodo hipersensible, donde cualquier mínimo comentario te puede destruir anímicamente en un segundo. Entonces, una manera segura de desahogarte, es escribiendo. Escribir tus emociones, pensamientos y sentires, te ayuda a procesar lo que te ocurre, entenderte y a darte perspectiva. Incluso puedes guardarlo y revisarlo nuevamente más adelante, puedes reflexionar sobre, o reescribir lo que te pasó antes, según la nueva perspectiva que vas construyendo. Además, tienes la opción de escribir solo para ti o también puedes compartirlo en un blog seguro. Yo no había pensado en esa opción hasta que los algoritmos de Instagram hicieron que me aparezca una aplicación para mujeres que era un espacio de encuentro seguro. Les juro que si recordara el nombre de esa aplicación, se las compartiría, pero ya me maté buscándola y no hay rastro. Me había creado una cuenta anónima y de hecho no guardé la página para evitar que otras personas la encuentren al usar mis dispositivos -y ya hace mucho que no escribía ahí. Pero sí me sirvió mucho al inicio. Encontré esta app donde podías crearte un perfil anónimo y tenías la opción de participar o crear grupos específicos de cualquier tema, intercambiar info, consejos, datos, etc. Podías comunicarte con distintas mujeres de Latinoamérica. Yo participé principalmente en un grupo sobre violencia basada en género y ahí me desahogaba. Tuve muy lindas respuestas con apoyo incondicional de personas que ni me conocían. Incluso había un chat y, cuando publicaba algún post describiendo que me sentía mal, a veces me escribían otras mujeres ofreciéndose hablar conmigo si así lo quería. También me gustó mucho que luego activaron un botón para derivarte a Calm chat a recibir contención psicológica gratuita. Esa app me ayudó muchísimo en su momento. Estoy segura que ahora hay más aplicaciones como esas que pueden ayudarlas en su proceso.

Al inicio, frecuentemente fumaba tabaco o tomaba sola, pero como me gustaba salir a trotar viendo el atardecer, eso me motivaba a dejar poco a poco de fumar y tomar. No quería perder físico, porque quería salir todos los días a ejercitarme viendo el mar, si era posible. Además, esa actividad me relajaba, me hacía ducharme (cuando una persona tiene depresión, descuida su higiene), y me daba hambre (la depresión también te hace dejar de comer).

Para el insomnio, me compré cápsulas de valeriana (no me funcionó) y trotaba en las tardes/noches para volver cansada a dormir (no me funcionó). Usualmente veía mis series en la noche hasta dormirme, pero en definitiva, no estaba de humor para ver mis programas de siempre. Pero, ¿saben qué sí me motivaba ver? Charlas TED, películas o documentales sobre feminismo o policiales sobre feminicidios o miniseries sobre luchas sobre género. Era un tema que me interesaba, claro está, pero además me ayudaba a sentirme menos sola, y también me daba ideas de qué hacer, me ayudaba a entender mejor cómo me sentía, o considerar los posibles caminos que podía tomar mi caso. 

Aquí les comparto una lista de reproducción de Charlas TED en youtube (muchos videos están en inglés pero pueden activar la opción de subtitulado en español): Videos TED de apoyo para casos de abuso sexual

Aquí algunos títulos para ver en Netflix:

  • Guía Headspace para la meditación.
  • Feministas, ¿qué estaban pensando?
  • Period. End of silence.
  • La Guerra contra las mujeres.
  • Malena Pichot. Estupidez compleja.
  • El caso Watts, el padre homicida.
  • Las tres muertes de Maricela Escobedo
  • Orange is the new black
  • Las cosas por limpiar
  • Una mujer hecha a sí misma
  • City of joy
  • Eve's apple
  • Audrie & Daisy
  • Carmel: ¿Quién mató a María Marta?
  • La desaparición de Madeleine McCann
  • ¿Por qué me mataron?
  • Procesión
  • El caso Wanninkhof Carabantes
  • Una canción de amor para Latasha
  • Todos con Roona
  • ¿Qué coño está pasando?
Incluso también estos programas de diversidad (por si no te consideras parte de la comunidad LGTBIQ+, es increíble lo mucho que tenemos en común como poblaciones que vivimos en vulnerabilidad):

  • Queer Eye
  • Ru Paul Drag Race
  • Pray away. La cruz dentro del clóset.
  • La muerte y la vida de Marsha P. Johnson

En serio que me he visto todos esos programas y más. A mí me ayudó. No les garantizo que les resulte igual en su caso, pero considero que ayuda a sentirse más comprendida y te demuestra que hay una luz al final del túnel. Te da perspectiva sobre cómo puedes actuar y te prepara para lo que puede pasar después.

Por otro lado, como les mencioné, trabajaba en un proyecto de protección y sabía que como parte de las actividades planificadas del equipo, se nos venía un taller de Primeros auxilios psicológicos interno. Me dio curiosidad los contenidos de ese taller, por lo que investigué y encontré un curso virtual gratuito en Coursera. Lo terminé llevando por mi cuenta, más que para un fin profesional, para mí y entender mi proceso de estrés postraumático. Les comparto el enlace del curso aquí. Es un curso que, para ser de libre acceso, es muy completo y cuenta con diversos recursos para complementar tu capacitación. A mí me ayudó mucho a entender mis síntomas (ponerles nombre ayuda muchísimo a no sentirte un bicho raro) y sobre todo, a identificar el apoyo humano que requería y la calidad y sensibilidad en la atención que debía exigir de las autoridades, en caso decida denunciar.

Por último, otra actividad que empecé a realizar mucho y disfruté como nunca antes, fue leer. Ya desde antes leía de vez en cuando, y sobre todo lecturas teóricas, para capacitarme en determinados temas (principalmente género). Pero esta vez acudí a lectura ligera y entretenida, como son las novelas gráficas. Aquí les recomiendo novelas relacionadas a salud mental, algunas incluso interactivas, que me funcionaron a mí:

  • "Todos vamos a morir (y otros chistes)" - El Búho
  • "Ansiedad" - Alberto Montt
  • "Cosas que te pasan si estás vivo" - Liniers.
  • "Severi en línea" - Severi.
  • "Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas" - Amalia Andrade
  • "Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida" - Amalia Andrade
  • "Lo sensibles no nos quita lo chingonas" - Romina Sacre
  • "Ur special. Advice for humans" - Danny Casale (en inglés).
De igual manera que con las películas, series y documentales, estos libros sobre salud mental me ayudaban a sentir que no era la única que caía en un hoyo, a entender y hasta apreciar mis vulnerabilidades, con todo y crisis. Además, son contenidos muy digeribles para esos días en los que no tienes ganas de nada, y tienen ilustraciones bellas y hasta humor. Ayuda mucho a levantarte el ánimo.

Otros libros que leí sobre feminismo:
  • Monólogos de la vagina - Eve Ensler.
  • (No son micro) Machismos cotidianos - Claudia de la Garza y Eréndira Derbez
  • Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo - Chimamanda Ngozi Adichie
  • ¿Qué haría De Beavoir...? Cómo las grandes feministas resolverían tus problemas cotidianos - Tabi Jackson Gee y Freya Rose.
Estos libros son ideales para recordar que nada de lo que te pasó fue tu culpa, que no estás sola, eres valiosísima y que puedes salir adelante. Estos libros fueron fortaleza y esperanza para mí.

*Extra: fotolibro de mi fotodocumentalista favorito: "Éxodos" - Sebastiao Salgado.

Este último libro es el libro más preciado y valioso que tengo. Lo obtuve antes de mi agresión, pero admirarlo (porque es un fotolibro) teletransporta mis emociones a la óptica del fotógrafo, lo que ayuda a ponerle pausa a mi vida y mis problemas, y también, me recuerda que me merezco tener un libro tan valioso como ese.

Otros libros que están en mi lista de deseos:

Novelas gráficas:
  • La mala leche - Henar Álvarez
  • Está mal, pero se puede empeorar - René Merino
  • Las cosas que importan - 72 kilos
  • Las vidas que dibujamos - 72 kilos
  • Un libro contigo - 72 kilos
Libros feministas:
  • Buenas y enfadadas - Rebecca Traister
  • Juegos reunidos feministas - Ana Galvañ y Patricia Escalona
  • Feminismo para torpes - Nerea Pérez de las Heras
  • Feminismo 4.0 - Nurea Varela
  • Cansadas - Nurea Varela
  • Feminismo para principiantes - Nurea Varela
  • Teoría King Kong - Virginie Despentes
  • Los hombres me explican cosas - Rebecca Solnit
  • #Amiga, date cuenta - Plaqueta y Andonella 

De verdad espero que todo lo que les compartí, les sirva también. 

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