Sobre intentar salir de nuevo con alguien...

1 año y 6 meses después

Después de ardua terapia para identificar los aspectos por mejorar de mis relaciones interpersonales luego de mi evento traumático, llegó el momento de poner en práctica lo aprendido.

Desde mi abuso, poco a poco me fui involucrando con hombres y retomé mi vida sexual, pero eran hombres con quienes sabía que no tenía mayor interés en conservar una relación. Por tanto, eran relaciones efímeras, para experimentar y deshechar. Para poner a prueba mis límites y tener claro que podía recuperar el control. ¿Y si no salía bien? Eran personas que no me importaba perderlas.

De pronto, fluyó un sentimiento con alguien con quien no pensé que podría ocurrir algo. Me pareció una buena persona, noble y sincera, que auténticamente se interesaba y preocupaba por mí. Y me dejé fluir. Al inicio lo consideraba un amigo y, como era mi vecino, lo invitaba seguido a casa a conversar y ver películas.

Fue una experiencia totalmente nueva. Inevitablemente, en situaciones cuando estábamos a solas y me miraba intensamente o tenía gestos amables, pensaba en mil escenarios. Si estaba actuando bien o no, si estaba empezando a fluir un sentimiento o no, si era algo solo mío o mutuo, si era real o no, si estaba lista o no.

Sobre todo esta última idea era algo nuevo, que antes nunca había experimentado. Luego de vivir el episodio más oscuro de mi vida, tras mi abuso, sentía que por fin estaba resurgiendo. Cada vez me iba mejor, más estable emocionalmente y recuperaba mi normalidad. Pero, en el aspecto sentimental, me había mantenido con relaciones descartables para sentirme segura. Sin que mis emociones estén en juego. No sabía si era el momento para exponerme. Sabía que estaba mejor pero aun tenía estragos. Seguía con tratamiento psiquiátrico diario, ya año y medio con antidepresivos. Seguía con terapia psicológica 2 veces por semana. Seguía abierto mi proceso de denuncia contra mi agresor. Además de otros efectos propios del estrés postraumático, como hipersensibilidad, flashbacks, pesadillas, ansiedad, cambios de humor rotundos, disociando, aislándome, entre otros; claro que en menor grado que antes, pero igual era distinta. Y no sabía cómo era la nueva yo, post trauma, intentando salir con alguien.

Creo que el terror de volver a pasar un episodio como el trauma que vivimos, nos hace tomar medidas radicales para evitar que ello vuelva a pasar. Tuve un repentino afán de dejarme fluir, porque también me moría por sentirme normal nuevamente. Gilear y que me gileen, como antes ocurría. Así que esta vez, fui más sincera que antes, más expresiva, y más clara. Yo le comunicaba que quería verlo, le invitaba a mi casa, le proponía planes juntos. Cuando tenía dudas de si besarme o no, yo le dije que sí quería. Y así, empezamos a salir.

Empecé a hablar de él con mis amigas y mi psicóloga. Era recurrente el expresar mi temor de que las cosas salieran mal. Pero me daba confianza que lo sentía con un perfil diferente al resto de chicos con quienes me involucré antes. Era bastante centrado, tenía una muy buena relación con su familia, era bastante cariñoso y atento con cómo me sentía. Muy respetuoso.

Varias noches se quedó a dormir conmigo, en mi cama, sin que pasara nada más. Me resultaba extraño porque ni siquiera intentaba algo. Para mí era inminente tener relaciones sexuales, y eso me daba mucha ansiedad. Había podido volver a tener sexo, pero era frívolo y con personas que no me interesaban más allá de lo físico. Pero con él, me sentía más vulnerable, porque sentía que me gustaba, que me agradaba su compañía, que quería que las cosas salgan bien. Con él sí tenía emociones en juego.

Además, con él comparaba todo en mi cabeza con mi relación con mi agresor, previo a mi abuso. ¿Qué hice o no hice antes que ahora puedo evitar? ¿Qué actitudes de él se repiten con mi agresor? ¿Qué conductas mías las continúo haciendo? ¿Las cosas realmente están bien? ¿A dónde vamos? ¿A dónde estoy yendo? ¿Realmente quiero ir por ahí?

Sentía que en muchas ocasiones él era muy dulce, y yo solo me quedaba pensando, sospechando, si era real o no, si tenía alguna intención escondida o no, si estaba yendo por un buen camino o no.

Hasta que un día, tuvimos intimidad. Simplemente, fluyó. Fue complicado, porque mientras ocurría, pasaban mil cosas por mi cabeza. Estudiaba cada movimiento a ver si realmente era lo que quería, a ver si estaba siendo respetuoso, considerado, y no estaba involucrándome otra vez con un patán. Pero no fue así, realmente lo disfruté. Fue pasional, placentero y dulce.

Luego, me invitó varias veces a salir con sus amigos. Me dio terror. No identificaba si era por mi terror al compromiso de siempre, o si ahora era mi terror a exponerme a la evolución de la relación y volver a salir herida. O, también, el terror de estar con hombres extraños bajo los efectos del acohol en un lugar desconocido.

Sonará paranoico, pero creo que lo tercero era lo que más se cruzaba por mi cabeza.

Siempre inventaba excusas. Nunca accedí. Sin embargo, me gustaba, y no quería que pensara que era una señal de que no me interesaba. Era mi mecanismo de defensa postrauma, pero sentía que era algo muy complejo para entender. Así que decidí abrirme y contarle todo.

Ahí empezó una lucha interna, relatando toda la historia a solas en mi cuarto, con llanto y revictimización. Hasta anoté las ideas principales en mi cuaderno para ordenarme y ser lo más sincera posible. No podía evitar sentirme una carga, un saco de problemas. Que era justo contarle todo ya, para que sepa quién soy yo, una mujer traumada, y si era con ella con quien quería seguir involucrándose.

Entonces le dije: "quiero hablar contigo". Primera vez que usaba esas palabras. Me dijo: "claro. Estoy full pero te aviso en estos días"... 

Y así, pasaron 2 meses.

Ni una palabra de su parte. Publicaba en sus redes sociales como siempre, pero a mí me ignoraba. Mientras tanto yo, al inicio, practicaba llorando todos los días cómo contarle mi historia, pensando que en cualquier momento me escribiría... y nada.

Me dolió, me molestó. Principalmente porque mi ansiedad me hizo repasar cada detalle, cada momento de nuestra corta relación, para descubrir qué hice mal, qué lo espantó, qué provocó que se desapareciera.

Cabe resaltar que era mi vecino. Era el colmo que me ghostee, sin embargo, lo estaba haciendo.

Lo hablé con mi psicóloga muchas veces también, sufrí un poco, pero pude entender que nada fue mi culpa ni mi error. Esta vez, yo actué lo más sincera posible, lo mejor que podía, cuidándome siempre y también teniendo consideración por como él se podía sentir.

Igual me sentí estúpida. Fui ingenua por confiar, por ilusionarme, por haber estado a punto de contar algo tan importante para mí a alguien que no me consideraba como pensé. Me equivoqué. Elegí mal otra vez.

Tuve mi bajón y momentos de estrés porque, puta madre, era mi vecino. Literalmente vivía en mi misma cuadra, en el condominio del costado. Cualquier día me lo podía cruzar. ¿Qué haría en esa situación? No tenía ni idea. 

Toda la experiencia ha sido muy extraña, porque me sentí diferente en todo momento. No he sido la misma yo a lo largo de toda la evolución e involución de nuestra relación. Iba conociendo en el camino cómo me comportaba y sentía.

Y justo cuando ya había volteado la página, dado por perdida lo que parecía un bonito comienzo de algo. Me escribe como si nada para preguntarme qué planes el fin de semana.

Mil veces ensayé ese momento en mi cabeza, pero no actué como lo proyecté.

Le contesté como si nada. Ese fin de semana era la marcha por el 25N, le dije que obviamente iría. Luego seguimos hablando con normalidad. Mi ansiedad me pedía a gritos averiguar qué había pasado, por qué se desapareció. Mi extraña sensatez me decía que no me dejara llevar por conclusiones adelantadas, que no prejuzgara. De repente pasó un momento complicado y se desapareció. Quién mejor que yo sabe de eso...

Quedamos en que me enseñaría a manejar bicicleta. Yo se lo pedí. Pero le dije que también teníamos que hablar. Entonces me dijo la fecha en la que vendría y la hora. Sorprendentemente, no estuve nerviosa. Ni siquiera mi ansiedad me estuvo atormentando pensando en qué decirle. Mi día fluyó normal.

Llegó una noche, algo tarde. Ya mis roomies estaban acostadas. No me puse nada nerviosa. 

Le dije para ir a mi cuarto a conversar. Estuvimos hablando cosas trilladas al inicio, hasta que me dijo: "y cómo quieres abordar lo que tenemos que hablar". Y le dije que quería escucharlo. No quería reclamarle o hacerle problema, sin antes saber las razones, no quería prejuzgar. Y conversamos.

Sorprendentemente, tuve la conversación más asertiva, sincera, clara, directa, con un chico, en toda mi vida. Y me salió sin problema alguno, sin prepararme. Lo que él me dijo no es importante. Lo que sí, fue mi temple para dirigirme a él. Nunca en mi vida había expresado mis molestias de manera tan calmada, reclamando con fundamentos, incluso le di sugerencias para que mejore para sus próximas relaciones. Preguntando qué quería, qué ibamos a hacer ahora. Y dejando en claro lo que no quería ni iba a pasar.

Quedamos como amigos. Antes de irse, hablamos de la vida, y me contó que iba a viajar a Huaraz. Dato extra, me contó que allí se encontraría con una amiga suya extranjera, que sentía que debía decirme. Y yo le dije que ok, estaba bien. Terminamos en buenos términos y se fue.

Durante su viaje a Huaraz, yo estaba en un club con mi familia extensa. Cuando me llegó un mensaje de repente de mi mejor amiga, quien es de Huaraz, donde me decía que se había cruzado con él y que lo vio con una chica. Eso no fue todo. Me dijo que él se le acercó todo emocionado y le dijo para salir juntos en grupo por la noche, le dio su celular para que mi mejor amiga le escribiera y salieran de fiesta.

Yo sentí muchas emociones al mismo tiempo. Me sentí abrumada, afectada, triste, pero no identificaba por qué. Pero definitivamente, me sentía mal. Sabía que sería un día difícil.

Esa noche no pude dormir. Me levanté en la madrugada y escribí en las notas de mi celular:

"¿Qué tal si me afecta que él salga con otras personas porque lo mismo pasó con D.? a las horas de lo que me hizo, regresó con su pareja como si nada. Fui algo pasajero, un lapsus, un "error". Para él fue fácil continuar. Más importante fue la otra persona que yo y cómo me sentía , o lo que fui para él... cuando desde mi lado no fue así. Yo quedé hundida en depresión, encerrada en mi cuarto, con miedo de salir, socializar y sobre todo involucrarme con alguien más . Aun me siento muy frágil. Creo que aún falta trabajar en mí, aclarar mi mente y emociones. Saber si es la nueva yo, asertiva, sana y aleccionada, lúcida y con gestión emocional, la que ya está lista para salir con alguien. O sigo siendo la confundida, voluble, frágil y dolida, que pide a gritos a alguien con el mínimo gesto mejor que el que me mostró D, para idealizarlo y aferrarme.

Creo que el simple hecho que me haga la pregunta hace que encaje con la primera opción.

Simplemente no sé si lloro por él, por ellos o por mí".

Pasaron algunos días y él me escribió para contarme que se cruzó con mi mejor amiga. Apenas y le hice caso. Me escribió para hablarme del mundial de fútbol. Apenas y le hice caso. Me dijo si quería aprender a manejar bicicleta con su hermana menor. Accedí.

Grave error. Pasé una tarde con su hermana y su mamá manejando bicicleta por el malecón. Terminé tomándome un café con su hermana y casi voy con su mamá a tomar lonche. Fue una tarde muy divertida, pero extraña.

También me escribió para preguntarme qué tal la bicicleteada. Apenas y le hice caso.

Un día feriado me escribió para decirme para hacer algo, como ver una peli. Para mí fue un día muy estresante, y películas vimos varias cuando éramos solo amigos, así que acepté.

También llegó por la noche, mientras yo me cocinaba mi almuerzo para mi trabajo del día siguiente, mientras conversaba con mi roomie. Cuando llegó, no me puse nerviosa. Le presenté a mi roomie, y sorprendentemente, me equivoqué al decir su nombre. Lo llamé como un saliente de hace años (el último antes de mi abuso). Me corregí al instante. Y estuvimos conversando en la cocina los 3 un rato, mientras terminaba de cocinar.

Luego, fuimos a mi cuarto. Cogí mi laptop y le pregunté qué película quería ver. Me habló de una lista que alguna vez quedamos en ver juntos. Escogimos una película y ahora el dilema era cómo ver la película. Estábamos en mi cuarto y solo estaba mi cama. Con señas me dijo para echarnos, con normalidad. Y bueno, accedí. De pronto, estábamos echados juntos en una cama, y con mi cabeza sobre su pecho, y él abrazándome por la cintura. Como si no hubiese pasado 2 meses desaparecido. 

Mientras veíamos la película, él me acariciaba por la cintura. Yo estaba algo desconcertada, pero de igual manera, pasaban mil cosas por mi cabeza. No sabía cómo interpretarlo. No sabía si así también podían ver películas los amigos...

Acabó la película y él cerro la laptop, la puso al lado de la cama, y empezó a besarme y acariciarme.

Yo seguía desconcertada. No le correspondía, pero no hacía nada tampoco para rechazarlo. 

- En esto no quedamos. 

Y él seguía besándome. Le insistí: 

- En esto no quedamos la última vez que hablamos, tenemos que hablar. 

- ¿quieres hablar ahorita?

Lamentablemente, aun me gustaba y extrañaba tener relaciones con él.

- Ok, ahorita no. Pero luego, un día de estos sí tenemos que hablar.

Y tuvimos sexo.

Cuando acabamos, le pregunté si se quedaría a dormir. Me dijo que no podía. Estuvo pensativo un rato, apoyado sobre mí, y luego se despidió con un beso en la boca, como cuando salíamos antes.

Yo me quedé recostada en mi cama, estaba feliz, ilusionada, pero lloré de tristeza.

¿Por qué estaba llorando? Lo había extrañado mucho y de hecho, hace tiempo que quería volver a salir con él. Pero sentía que estaba ocurriendo lo que temía. Que la historia se podía volver a repetir. Sentía que otra vez no respetaron mi acuerdo, mi voluntad. Que yo estaba ahí dispuesta a sus deseos, pero cuando yo quise hablar con él, cuando necesité contarle mi historia, él no estuvo. Me sentí un objeto, usado, frágil, dañado otra vez.

Nuevamente, me sentí estúpida.

Al día siguiente le dije: "tenemos que hablar". ¿Y adivinen qué? Ha pasado ya un mes y se volvió a desaparecer mi vecino.

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